Según este estudio, hay abejas exploradoras y de comportamiento más osado, mientras que otras optan por actividades más cautelosas y una vida “hogareña”. Cada grupo tiene genes distintos característicos.

“Las abejas tienen distintas funciones en la colonia”, explicó a Efe en una conversación telefónica Silvia Rodríguez Zás, una investigadora graduada de la Facultad de Agronomía en la Universidad de Uruguay y que trabaja ahora en la Universidad de Illinois (EE.UU.).

“Algunas se quedan adentro de la colmena y cuidan las crías”, añadió Rodríguez, integrante del equipo investigador que encabezó Zhengzheng Liang, del Programa de Neurociencias en la Universidad de Illinois. “Otras salen y recolectan comida”.

“Y están las exploradoras, las que buscan nuevas fuentes de alimentos y otras, menos numerosas, que buscan otros sitios para el inicio de colmenas nuevas”, añadió.

El estudio de las abejas y sus posibles implicaciones para entender el comportamiento de mamíferos y aún de los humanos es interesante porque esos son insectos sociales, que habitan en comunidades altamente organizadas.

Durante los experimentos, los investigadores instalaron en un gran recinto exterior protegido las fuentes de alimento de las abejas y observaron cuáles salían y exploraban en busca de más comida.

Los científicos luego compararon la expresión genética cerebral de las abejas aventureras con la de aquellas que se quedaron cerca de sus nidos.

“Nos enfocamos en determinar los genes y la base molecular que motivan en estas abejas un comportamiento explorador, algo que en los humanos se conoce como el comportamiento de búsqueda de la novedad”, dijo Rodríguez.

De la observación de las abejas exploradoras, los científicos descubrieron que las mismas que buscaron el sitio para la nueva colmena y trajeron allí un grupo de abejas de la colonia antigua, son las que pasan a recolectar comida.

“Llevan en sus genes esa ‘inquietud'”, comentó la investigadora. “Salen en busca, primero de un lugar, luego de comida”.

Entre todas las abejas que buscan alimentos el 25 por ciento aproximadamente se dedica a buscar nuevas fuentes, son las exploradoras de comida “y son las que cuando vuelven a la colmena mueven el ‘rabo’ y comunican a las recolectoras dónde está la comida”.

“Hay unos mil genes, el 15 por ciento del total, que se expresan más en las abejas exploradoras con relación a las no exploradoras”, continuó Rodríguez. “Son genes con función asociada a la comunicación, y esas diferencias se expresan en la dopamina, la octopamina, el glutamato y el ácido gamma aminobutírico”,

“En los ratones, en los seres humanos esas moléculas se relacionan con la sensación de satisfacción y también con la adicción”, continuó la investigadora. “Los seres humanos que tienen tendencia a buscar actividades novedosas, también tienen un mayor riesgo de desarrollo de adicción”

En otras fases de su estudio los investigadores añadieron dosis mayores de octopamina y glutamatos en la dieta de las abejas exploradoras “y el resultado fue que exploraban aún más”.

“En cambio, la adición de agentes bloqueadores en su dieta les inhibió las ganas de explorar, y las abejas normales, las que no tienden a explorar, exploraron aún menos”, señaló Rodríguez.

Los resultados de la investigación, señaló el artículo, “demuestran paralelos interesantes entre el comportamiento buscador de novedades de las abejas melíferas y el de los humanos”.

Fuente: EFE Verde