la3

Los efectos de los miles y miles de incendios que cada temporada azotan la selva y bosques brasileños viajan hasta la Argentina en forma de microcenizas, monóxido de carbono, ozono troposférico y otras sustancias peligrosas para la salud de animales y personas. Un experto argentino cuenta causas y consecuencias del mal manejo de los suelos a nivel regional.

La globalización del clima, como concepto, no es nuevo. Siempre se mencionó la posibilidad de que el movimiento de una mariposa en Siberia pudiera originar un sismo en el Perú. Ahora, los científicos tienen las herramientas para poder establecer –aunque con algún grado lógico de incertidumbre– qué pasa ante cambios abruptos en los ecosistemas.

Así, los incendios planificados en el Amazonas, que tienen la intención de extender la frontera agrícola brasileña, podrían ser los responsables regionales tanto del rebrote de la fiebre amarilla, como de las inundaciones en Salta. Además, podrían incidir en la falta de humedad en la pampa húmeda, zona clave de la riqueza argentina. Todo porque, se sabe gracias a las imágenes satelitales, cenizas y otros residuos químicos de las decenas de miles de incendios anuales llegan desde el Matto Grosso hasta el norte de la Patagonia argentina.

Con esos datos trabaja el grupo de Pablo Canziani, quien dirige el programa de Estudios Atmosféricos de la Universidad Católica (UCA). “Las imágenes satelitales, que nos provee la NASA, permiten observar el tránsito de cenizas y elementos químicos peligrosos para la salud, que llegan desde la Amazonia hasta la Ciudad de Buenos Aires, el centro bonaerense e incluso hasta el norte de la Patagonia”, indicó Canziani, también investigador del Conicet.

2

Nada bueno

En Brasil se detectan un promedio de 60.000 incendios por año sólo por desmontes, con picos de 160.000, sobre todo en la temporada seca. “Allí se desmonta la superficie de un Tucumán por año. Todo eso amplifica los efectos del cambio climático global porque aumentan las temperaturas locales y cambia el ciclo del agua, se inhiben las lluvias y se realimenta la sequía; aumentan las tormentas severas que pueden afectar cosechas y la contaminación química”, explicó el científico, que integra el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) y se especializa en información satelital para cuestiones atmosféricas.

Varios son los elementos originados en la quema de suelo tropical que llegan al país, entre ellos microcenizas y precursores de reacciones químicas negativas como dioxinas y furanos (como los que emiten las papeleras). “Además, se genera ozono troposférico, un oxidante que afecta a animales, plantas y personas (la mayoría de los problemas respiratorios de las ciudades se deben a este elemento), oxida materiales de construcción e infraestructura en general”, añadió Canziani. Por si fuera poco, el incendio de brasa genera monóxido de carbono (CO) y bromuro de metilo.

¿Por qué esos elementos llegan hasta las pampas argentinas y no se dispersan antes? La respuesta hay que buscarla en ciertos “chorros de capas bajas”, especies de espirales que permiten larguísimos desplazamientos. Canziani explicó que estos efectos se ven con las imágenes satelitales, pero el ciudadano común puede advertirlo cuando en los días de primavera, se ve una puesta del sol rojiza que se intensifica especialmente con los incendios.

3

Vienen por la humedad

Aunque Canziani concede que faltan estudios de impacto acerca de qué puede pasar con la progresiva eliminación de los bosques del Matto Grosso, sí se sabe que la humedad que hace húmeda a la pampa húmeda viene de Brasil. Naturalmente, si se desmonta ese tránsito se verá afectado y un excesivo desmonte puede afectar hasta las lluvias pampeanas.

Pese a la contundencia de lo que dice, Canziani quiere evitar que sus argumentos suenen excesivamente “verdes”. Está de acuerdo con la necesidad de aumentar la producción por la necesidad mundial de alimentos, pero quiere que se haga con inteligencia. “El concepto sería producir alimentos sin eliminar los servicios que los ecosistemas prestan al resto de la humanidad en tanto preservación de la biodiversidad y como reservorio de posibles fármacos”. Y concluyó: “El desmonte en Rondonia (Brasil) generó un aumento de más de 8ºC en la temperatura. Son catástrofes que después paga toda la sociedad. La soja no es ni buena ni mala, el problema es plantarla en suelos no aptos y muy frágiles como los del norte argentino”.

Publicado en Diario Perfil el 23 de marzo de 2008. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.