La palabra aceite (del árabe az-zait, el jugo de la aceituna  y éste del arameo zayta) es un término genérico para designar numerosos líquidos grasos de orígenes diversos que no se disuelven en el agua y que tienen menor densidad que ésta.

Originalmente esta palabra era designada al aceite de oliva, pero se ha generalizado para denominar aceites vegetales, animales o minerales.

Los aceites comestibles provienen tanto del reino animal como del vegetal. Existen diversos aceites animales, como los aceites de ballena, de foca o de hígado de bacalao que han llegado a consumirse pero actualmente en la cocina sólo se utilizan aceites vegetales, extraídos de semillas, frutas o raíces. En general, los aceites vegetales aportan ácidos grasos insaturados y son ricos en vitamina E. Su valor energético es de 900 kcal cada 100g.

Generalmente es en nuestras casas donde se genera mayor cantidad de residuos de aceites vegetales, muy por encima de la cantidad producida por los establecimientos del sector terciario (freidurías, restaurantes, cattering, etc…)

El aceite de fritura usado que es vertido por el alcantarillado o desagüe de los fregaderos atenta contra el medio ambiente, incluso, puede poner en peligro la salud humana. Cada año toneladas de residuos urbanos pasan por el fregadero llegando hasta ríos y mares disminuyendo la pureza de nuestras aguas.

Este residuo doméstico es en la actualidad una de las principales causas de contaminación de las aguas residuales urbanas, produciendo atascos y malos olores en las cañerías. Como es tan usado en cada pequeña o gigante cocina del mundo la atención a esta problemática se vuelve relevante, especialmente si tenemos en cuenta que el consumo mundial de aceites vegetales en 2008 superó las 120 millones de toneladas.

Las amas de casa más rudimentarias y los cocineros más prestigiosos coinciden en algo: la mayoría sabe que tirar el aceite por la pileta de la cocina no es “correcto”, pero por lo general no saben por qué.

El aceite volcado al agua contamina la flora y la fauna porque queda flotando en su superficie y no permite la oxigenación ni que entre luz, al taparse la luz, afecta la biodiversidad en los ecosistemas de ríos y lagos; según expertos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial en España.

Estos expertos aseguran que los aceites usados por las industrias, y en gran escala por los restaurantes y bares, generalmente son volcados en un recipiente que luego se entrega a una empresa proveedora donde se supone que lo reciclan en un nuevo aceite para uso no humano.

En algunos casos, tanto en domicilios particulares como en restaurantes, los consumidores creen que la solución pasa por vaciar el aceite en recipientes cerrados dentro o fuera de los contenedores de basura para deshacerse de ellos. “Después, cuando el recipiente se aprieta en el camión recolector de residuos genera un desastre. Y el incinerarlo, representaría un pasivo ambiental grande por su alto costo”, afirman los técnicos.

Pero no podemos vivir sin el consumo de aceite, entonces, crear conciencia es una manera de apalear el problema; sobre todo si asumimos nuestra parte como individuos. Reciclar es la mejor manera de ayudar al medio ambiente y garantizar una mejor calidad de vida para los que vivimos de él.

Así que, todavía tenemos un recurso sencillo a utilizar en el plano doméstico para reciclar el aceite… Convertirlo en jabón! Sólo se necesita, agua, soda cáustica, sal común y por supuesto aceite usado. Si quieres saber cómo hacerlo entra a nuestra zona “Atrévete” para que te enteres de los detalles y manos a la obra!

(Odenisse Peralta.)